viernes, 24 de julio de 2009

en julio

Sur de la Ciudad has aparecido una vez más ante mí,
ojos extraños nos vigilan
y el pasto reverdece.
He visto pequeños roedores correr,
se agitan y comen,
sonríen y mueren.

Caminamos con la lluvia, le da un toque especial al atardecer; las bancas son el refugio de los enamorados; la música suena, se evapora frente a nosotros; yo quiero bañarte en esa melodía de bossa y jazz que cubre tus manos; cuando giras y me abrazas, cuando no hay nada más-sólo tú entre la oscuridad-, cuando siento que te conozco de años y sé que no sé nada de ti, cuando las palabras se acaban pero no llega la incomodidad del silencio: tengo la certeza de que el Mundo todavía no se me acaba.

martes, 21 de julio de 2009

Stumme Worte

Rot, alles wird rot.
Zwischen vier Wänden
befindet sich mein Herz,
meine Angst.
Schatten,
es gibt nur Schatten.
Lange Gesichter
bescuchen mich am Tag.
Zärtlichtkeit,
es gibt keine.
Arme strecken sich,
Hände erwürgen mich.
Es gibt Menschen,
sie sprechen mit der Nacht.
Wer will mich umarmen?
Wer kann mich verstehen?
Es gibt Menschen,
ich höre sie in dem Träume,
sie schreien,
und können mich nicht hören.

miércoles, 15 de julio de 2009

En tus ojos la luz que no encuentro...es tarde para que lo leas

Una carta escrita de prisa, caligrafía perfecta, palabras dolorosas en un papel reciclado. El amor también se recicla. Estás al teléfono pensando, aguardando, qué significa todo lo que ocurre, lo que será. Y escribes.

Viernes 10 de abril del año 2009

Pasamos los momentos más hermosos de la historia-¿realmente deberías esribir eso? ¿y de qué historia hablas?-, juntos, éramos dos, solos, por siempre, sumergiéndonos en la eternidad de lo que se siente ser uno y no dos.

-Un corazón roto cae al pavimento. Un corazón se desangra en alguna alcantarilla-.

En el crepúsculo de tus deseos se acabará el dolor...Tus ojos no me buscan a mí...(¿esos son celos o la falta de tu cuerpo junto al mío? ¿dónde estás?)

-Me gustaría que no me llamarás de nuevo, olvídame, entiérrame, regálame un...un vacío-.
Yo no te dejo de amar (like you know how it feels)
Tanta contradicción ha dañado lo poquito que reconstruíamos de nosotros.

Aunque paresca que no me importa, que me enojo, que soy una maldita...lo único que quiero es llorar y gritar; decirte lo que pasa cuando te olvidas de mí, de nosotros, de lo que fuimos y ya no seremos.
Una vez más parece que peleo conmigo; no sé si todo se murió en ti, no sé qué sientes, si te importa o si exiges libertad.
No tengo fuerzas: te quiero, ¿te querré?
Si quieres puedes olvidar.

Tiras la carta, cuelgas el teléfono y vas a dormir. Mañana todo lucirá perfecto, el día será normal.

miércoles, 8 de julio de 2009

...y cualquier otro día

A ti mezcla de caracteres, ideas cruzadas y atardeceres en el sur de la Ciudad:
(se lee sobre papel arrugado, líneas absurdas ahogadas en cursilería)

Me gustas demasiado, quiero estar contigo. Sólo sonríe, dime algo, aunque no sea precisamente lo que quiero escuchar. Hasta cuándo estaré con la duda. Te seguiré esperando, te espero en silencio. Guárdame un espacio dentro de ti. La noche que me quieras...
Hasta las cosas más bizarras parecen mágicas cuando te veo: una rebelión de ratas en algún parque al sur de la ciudad, una cucaracha que concede deseos, sangre y huesos, moscos en oleadas. Me gusta estar contigo y pensar en muertos.

jueves, 25 de junio de 2009

en mi boca...

Te recibo en mi boca,
tu sabor
me recuerda la eternidad.
Fumo para aliviar ese recuerdo tuyo.
Te quiero dentro de mí,
te quiero desde siempre-y miento-
no te quiero nada-y vuelvo a mentir-.
Te puedo recibir mil veces más
en mi boca
tu sabor
será la eternidad que explota.
Explotas.
Explotas dentro.
Explotas dentro de mí...

¿A dónde vas?

martes, 23 de junio de 2009

El cuarto de baño

El día amanece con el sol nublado, parece que la nostalgia invade a la naturaleza. Las ramas oscuras crujen con el viento; ese viento que trae el murmullo de la gente, el olor a quemado, las luces opacas. Tú estás metida en tu cuarto, fijándote en la ventana que da al jardín: las sombras de la noche se van desangrando con el invierno. Los recuerdos te invaden, tienes que caminar, pensar, reflexionar en serio.

Sola. Otra vez estás solita. Y ahora ¿por qué? ¿Será que el dolor no es suficiente? A nadie le importa, y soy sincera, vales para pura mierda. Sigo sin entender algo, por qué te torturas, para qué pensar más, todo está muy claro; si ya sabes que no puedes decir ni pío porque te rompen el hocico, cómo chingados le quieres decir “mamá” si ni siquiera le interesas, lo único que cuenta es lo que ella dice y nada más, todo se resume a los madrazos, nada más que lo intente, no se atreve a tocarme, eso dices ahorita, pero qué tal cuando se acerca con toda la intención de madrearte, ¿te acuerdas de la última vez que te molió a golpes? Tenías la cara hinchadísima, desfigurada, ni parecías tú. No soporto mi reflejo. Te miraba con cara burlona, satisfecha de sus acciones, eso te pasa por contestona, se daba media vuelta y se perdía en el pasillo que da al comedor, tú sólo te quedabas ahí tirada, lamentándote aunque no fuera tu culpa. Envolvías tus manos en el vestido negro, ese trapo que ha sido el único regalo que te ha hecho, lo demás te lo compras tú, pero cómo le ibas a hacer para comprarte ropa, si no te daba dinero y que no se te ocurriera salir a trabajar “eso no es de una señorita”, ¿y los golpes sí? ¿Hacerte llorar si es propio de una señorita?

Ahora sientes más miedo que nunca, es que no puedes olvidar la mirada de odio que le salta cuando se te va encima, y te preguntas qué rayos es el amor maternal, ¿existe? ¿Alguna vez lo vivirás? Te recuerdas gritando piedad, implorando misericordia, no hay compasión para ti. Los ecos distorsionados vienen hasta aquí como aquellos días en que te lastimabas más. Wey no mames qué te pasó. Oye, ¿estás bien? ¿Segura? ¿Qué tienes, qué te pasa? Nada, nunca te pasa nada, tú sigue pendejeando como siempre.

Ella no te quiere, cáptalo; pero si no lo entiendes yo te lo explico, no me cuesta trabajo. ¿Estás llorando? Sus puños me han enseñado que no debemos llorar por todo, porque si lo haces mucho luego te secas como una pasa; te amargas, envejeces, te desgastas. Y todo por qué, porque no puedes ponerle un alto. Sécate esas lágrimas y quítate esos mocos, así te ves más fea; a nadie le gusta que seas melancólica, pálida, silenciosa.

Después de mirar unos instantes el helecho casi muerto, triste y frío, decides acudir a tu viejo consuelo; parece que no sales de tus pendejadas, una tras otras. Muy bien, debemos felicitarte: ¡bravo! La angustia cubre tu rostro, tus ojos están vacíos, no puedes más. El cuarto de baño es enorme, sobre todo ahora que te sientes como chinche; todo es blanco, con esa maldita pulcritud obsesiva de mamá, limpia aquí, hay una mancha. Eso no va así, las toallas tienen que ir bien alineadas, ¿y de qué te sirve esto? De absolutamente nada. Le dedicas una mirada de asco a este lugar: tu espacio favorito. Abres los cajones relucientes donde se guardan las navajitas de afeitar, voy a ensuciar tu pinche baño, tomas la más afilada, la más amenazadora; el dolor, la sangre, a ver qué te importa más, arde, embarras todo, hasta escribes tu nombre en la tina. Todavía me acuerdo de cuando la instalaron, te quedaste cinco días sin un lugar para bañarte, y para colmo no podías usar el de tus papás, porque siempre había alguien más que quería meterse a la misma hora que tú. Cinco días sin asearte, ciento veinte horas apestando a sudor y mugre, ni hablar preferías eso que alzar la voz, sabes que hay puros pleitos contigo, ¿por qué tenías que quedarte sin baño? No puedes dejar de manchar todo el maldito lugar, ah de todas maneras nadie se dará cuenta, tienes tiempo para dejar todo brillando, faltan cuatro horas para que ella regrese; esperemos que no haya hablado con papá, si no ya te cargó la chingada, porque ya sabes que cuando hablan sólo se pelean, y luego viene a desquitarse contigo. Todo porque no está, si ella fue la que lo mandó muy lejos, qué me importa, ni me pelan, es cierto, no te pelan, te digo que a nadie le importas, mejor deberías de largarte por ahí, ¿dónde quedó ese plan de fugarse a Yucatán, vivir ahí para siempre? Lo que harías viviendo cerquita del mar y lejos de la histeria que vives a diario, seguro no te vas porque tienes miedo, pinche coyona. Claro, me cae que no te atreves a mandarla a la chingada, al demonio con esto, por qué no terminas de una vez; creo que sufres porque quieres, no porque no te quede de otra; te lastimas para llamar su atención, pero siempre te arrepientes y terminas arruinándolo todo; te escondes para que no te vea con rabia, y si no te ve ¿de qué sirve que te hagas daño? ¿Para qué? Aun así le eres indiferente, invisible, invisible eres.

Cada día te vuelves más loca, más sola, ¿la soledad enloquece? Parece, porque tú estás bien loca y tal vez se deba a que estás sola; pero no, sólo quieres captar su atención o atrapar un poquito de cariño; eres un ser muy asqueroso y egocéntrico, todo gira a tu alrededor; piensas que el mundo está en tu contra, la verdad es que tú estás en contra del mundo, necesito que me quiera, ah pobrecita, la niñita llora, su mami la golpea así de la nada. Tú por dejarte, nada más te haces pendeja, te gusta sufrir, te gusta, no es gusto, no es gusto, es sacrificio, no es gusto; claro que sí, tú lo sabes, lo sientes, lo tienes bien agazapado en tu ser, tus ojos te delatan, se nota que los disfrutas. Cada vez que ella intenta pegarte hasta te pones para recibir sus bofetadas, lo saboreas, no sigas mintiéndote, no lo escondas.

La sangre sigue corriendo por tu brazo, abres un poco más la herida con tus uñas, la lames, se escurre por tus labios ese líquido que derrama su sabor y te excitas, te muerdes; así es, el dolor te da placer, tu escape, es tu culpa, ¡sí! Es tu culpa que te madreen. Tus ojos se nublan de nuevo, ¿para qué jodidos lloras? ¿No te da lo que necesitas, no te sientes mejor? Quiero que pruebes más, derrama un poco de tu tinta. Esta vez no vas a limpiar, no creo que vayas a salir del baño, jamás. Decides hundir más la gillette y deslizarla poco a poquito para ver si terminas, hazlo. Oigo pasos en la calle, alguien se detiene frente a la casa, escucho las llaves, ya llegó, ¿vas a apurarte a esconder eso? ¿Terminas o limpias? Decídete. Tacones subiendo, pregunta por ti, ¿por qué no contestas? Veo que ya la deslizaste, abre la puerta, te ve y no le sale palabra alguna. Comienza a llorar, queda en el piso, justo como tú después de las madrizas.

cualquier día

¿Y qué si no te quiero?—pretendo escupir una línea, prefiero callar—. Hay cosas que se dicen, hay cosas que no se deben contar (aquí recuerdo a Bolaño). La verdad es: 1. No tengo ganas de volver a querer, ni mucho ni poco. 2. Me gustas cuando llueve, hay algo que impide a tu zonzes avanzar por caminos desconocidos. 3. Comer con un tipo ojón y de boca pequeña me recuerda que siempre quise matar a un pez. 4. No puedo, ni pude ni podré matar un pez. 5. La Ciudad de México se llena de charcos sucios cuando llueve, las ratas—no todas—se ahogan o se mueren de frío. Yo mojo mis pies con esa mezcla achocolatada que se estanca en la banqueta. No me gusta mojarme los pies en la Ciudad de México. 6. Si camino contigo por alguna calle del D.F. quizá no me desagrade tanto mojarme los pies. 7. Los besos más románticos del cine son los que suceden bajo la lluvia. No me gustaría un beso “romántico” bajo los cielos de este país que avanza en espiral. 8. Nunca me sentí más sola, miré mi cuerpo reflejado en tus ojos color miel o ámbar, tenías una mirada extraña. 9. ¿Le cocinas a todas? 10. No me importa si cocinaste para todas. 11. Si me acompañas tengo una cosa segura: voy a reír. Me voy a morir de la risa con todo lo que acontezca a nuestro alrededor. Además, tu cara provoca mi hilaridad. 12. Si me besas no te voy a querer más ni menos. Quizá te pueda conocer a besos, porque los besos son abismos que se abren como alas en fuga. 13. No conozco abismos que se abran como alas en fuga, ¿tú sí? 14. Una vez alguien me dijo “Te voy a regalar un abismo”, no eras tú. 15. ¿Me regalas un abismo? Prométeme un abismo. El vacío es único, el responsable de la creación. 16. Si te presto libros, los vas a leer. 17. Si no lees los libros, finge que lo hiciste. 18. Me gusta el vacío que se funde en tu sombra, somos zombies: no hay nada común. 19. Algunas veces, caminando por las calles de Coyoacán se abren las puertas a dimensiones de otras galaxias. Entonces, me dan ganas de saltar a esa oscuridad y perderme en el tiempo. Si caminas mirando al cielo te puedes caer—sentirás que la luz que se escurre en las hojas de los árboles te dio el empujón—. 20. Toda la vida caminamos solos. 21. Si no entiendes esta lista es porque eres muy zonzo, y no sabes que yo nunca, jamás, podré pronunciar esas palabras que tiemblan y se adelgazan en las lenguas de los amantes. Es imposible, que sin conocerte pretenda expresar todo lo que sucede cuando estás y no estás, cuando viajamos en el tiempo a través de abismos y creaciones eternas. Sin embargo, aquí estoy, fingiendo que no me interesas—o que no me vas a interesar—para protegerme, una vez más, de algo inefable. 22. Las cartas de amor deben ser breves, su propósito únicamente es recordar. Evidentemente, esta no es una carta de amor. 23. Espero a que salga el sol, te pienso perdiendo el tiempo, tomando cerveza, tequila o ron. 24. ¿Hay alguien que sienta una real esperanza al amanecer? Prefiero quedarme con la idea de que nada es verdadero. Vivimos en una atroz fantasía, nunca vamos a despertar. 25. Te invito a bailar, conozco un lugar en el centro de la Tierra; las raíces sujetan el núcleo de tu existencia. 26. Voy a cortar las raíces, quemar ese núcleo. Guardaré las cenizas en mis bolsillos. 27. El fin está cerca, no lo digo yo: lo dice el Mundo. 28. Si me vas a besar que no sea frente a un Wal-Mart. 29. No tengo miedo de lo que sucede en el presente, me atemoriza lo que no será en diez segundos. 30. Aunque intente aplazar el verdadero objetivo de esta estúpida lista, no puedo. Te recuerdo usando sombreros ridículos, enganchado a una cámara—tomándome fotos con sombreros ridículos—. Te recuerdo escribiendo fragmentos de un no sé qué en una verde pizarra. Recuerdo tu voz “¿te puedo dejar un papel?”; recuerdo que no puedo gritar: ¡Quiérote!